Llega ese momento,
Dulce e impredecible
Una mirada cortés,
De mi expresión: indescriptible.
Me he perdido
Entre oscuros cabellos,
Magia de parpadeos
Ella, no lo ha percibido.
Sin embargo poco importa,
Quiero pensar por un momento
Que compartida fue la dicha,
Y ha sentido lo que siento.
Esa marca que ha avivado
A un poeta agonizando
De cenizas de un tintero,
Que parecia claudicado.
Sus ojos son verso,
Su sonrisa, cual prosa,
De una mágica calle
Adornada de historia.
Su historia, quizá incierta
Y mi curiosidad, innata,
Cauto espero, tímido ser,
a su encuentro, su melodía grata.
Queda en mi su mañana,
El sol después de la lluvia,
El viento que mecía su cabello,
Sonrisa que calma toda furia.
Pero aquella hermosa llegada,
Me recuerda con premura,
Que pasaran más días y noches
Para honrarme con su lectura
Pues quiero leer sus palabras,
Admirar su sonrisa,
Perderme con el silencio,
Ser poeta que improvisa.
Se vale creer en utopías
Creo en su llegada, quiza otro día,
Me aferro, espero y siento ansias
Por su mirada que cautiva.
No entiendo el porqué
ni quiero hacerlo,
Su ser es magia impropia
Me revivió, sin quererlo!
Hombre de ciencia,
Con fe en su mundo incierto,
Ironía exquisita,
Que en ella he descubierto.
Y pese a que debo irme,
No he dejado de lado
La visita de un día jueves,
Que me dejó fascinado.
MaoCh
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